Ay! de aquel rey que lleve
como Muley Hacen llevó
mucho de guerra y conspiración
y nada de poesía
en .lo recóndito del corazón;
es de esperar tarde o temprano
que cayese en la tentación de la tiranía
Por el contrario Boabdil
crecido entre los mármoles de la Alhambra,
en su mente de niño
no se alojaba el fragor del combate jamás
Había cultivado sin embargo
desde siempre
la rapsodia
y el ensueño nada más
Boabdil el chico que más tarde fue
último sultán de Al Andaluz
sería devorado inexorablemente
por las estrellas del ancho cielo,
las cadenciosas rimas del verbo arábigo
y la desventura de las melancolías
Es de noche
y a Aixa su madre
ha despertado un cometa en la negrura;
la sibila en trance ausculta el arcano;
aherrojado ve al futuro sultán la zahorí;
del turbante maltrecho
aún augusto y soberano
se ha desprendido el rubí
le ha tajado una cruz
(una espada hecha cruz y viceversa)
empuñada por el rey cristiano
Es de día y a la sultana
atormentan los presagios;
intenta conjuros al funesto karma;
ha reñido al sultán,
recita sunnas del Corán
e incita al hijo taciturno
el ejercicio de las armas
En un dejo de ausencia
escucha sumiso
Boabdil a su madre
y asiente en la lejanía
Por el jardín de la Alhambra
llega Moraima, su esposa
sobre su pecho turgente
se ha posado una mariposa:
el príncipe la observa;
y ya antes
ha meditado la siguiente prosa:…….
Oh! Quien pudiera decirme, hacia donde ha ido mi íntimo albedrío, desde que sujetaron mis fuerzas, el sólo pestañar que protege la oscura luz de tus pupilas Moraima, amada mía?
Es posible que esa ausencia de las fuerzas mías sea un castigo del altísimo, ante la perversidad que mostré el día aquél, que me llevó a espiar tu cuerpo desnudo, bañando en las aguas de la fuente; agazapado yó entre los granados del jardín, desde el otro lado de las celosías.
Mi voluntad se ha dividido en dos, desde la primera vez que abrí mis labios, talvez desmesuradamente de emoción, como serpiente hambrienta, sobre las suaves ondulaciones de tu pecho.
Y qué haré yo, hijo primero de Muley Hacen el invencible, ya sin voluntad, sin fuerzas, sin albedrío, de frente a la infidelidad de los infieles?
Mi ser se ha dividido en dos, y solo vuelve a encontrarse cuando estoy dentro de tí, y cuando tú me cubres de las humedades que recogen las sinuosidades de tu epidermis, imposible paisaje que recorro y exploro, cada día, cada noche, y que cada vez se me revela, sin embargo, apasionadamente irreconocible, tu cuerpo, para siempre, de nuevo, enteramente vírgen.
tisdag 8 december 2009
tisdag 10 november 2009
Augurio
Oh! quien pudiera desde aquí
como ave peregrina
acometer el anchuroso océano,
la distancia azul
la borrasca gris
palmo a palmo hasta más allá
del piélago celeste.
Alcanzar la bahía vegetal
Esmeralda que alumbra
la espina dorsal del continente
donde los hombres tejen la esperanza
de los hombres
sobre la huella
de una madeja insurgente
Es allí donde el sueño de Bolivar
ya no duerme su sueño aletargado;
ha trastocado en desvelo de guardia permanente.
Predíjolo en su día el viejo de la sierra:
señales hay
en el aire un mal augurio.
Han convocado a cónclave
de aquí y más allá los presidentes
en espera del zarpazo
que ya prepara el yanqui.
como ave peregrina
acometer el anchuroso océano,
la distancia azul
la borrasca gris
palmo a palmo hasta más allá
del piélago celeste.
Alcanzar la bahía vegetal
Esmeralda que alumbra
la espina dorsal del continente
donde los hombres tejen la esperanza
de los hombres
sobre la huella
de una madeja insurgente
Es allí donde el sueño de Bolivar
ya no duerme su sueño aletargado;
ha trastocado en desvelo de guardia permanente.
Predíjolo en su día el viejo de la sierra:
señales hay
en el aire un mal augurio.
Han convocado a cónclave
de aquí y más allá los presidentes
en espera del zarpazo
que ya prepara el yanqui.
onsdag 28 oktober 2009
Anacaona - Canoabó
I
Apaciguadas las aguas del diluvio
En cuyas olas sucumbieron los atlantes
mas allá y más acá de las altas montañas
enmedio del mar
en la ruta donde el visorrey almirante apareció
desde el fondo del océano
surgió la ínsula Caribe
donde echó su raíz la estirpe
del amo y señor de las Antillas y el mar:
Canoabó;
y su ínsula gemela: Amazona
en donde arraigaba la estirpe
de la señora del mar de las Antillas y el amor:
Anacaona
Apagad esa lumbre!
A la orgía ordenó Yucahuhuamá!
Que mis ojos han visto sobre el mar
de lontananza más acá
otra lumbre donde no había de ser!
y persiste aún
pues no es ninguna estrella fugaz
Ya de antes mi corazón latía
instintivo, obstinado, tenaz
diciéndome en furioso palpitar
que está por cumplirse la profesía
Acompañada de concubinas;
las contaba una vez más
bajo el inmenso plenilunio
una a una
y dijo
-Han enloquedido las estrellas!,
la reina Anacaona
Han llegado los hombres blancos a Guanahaní
hambrientos de tierras
de lujuria y de oro;
sedientos de sangre
como los caribes tajando el corazón;
hacen hogueras con hombres y mujeres
a un dios que llaman inquisición
Naufragado ha su canoa principal
y hemos estado
los antillanos en lloro
que del germen de esa semilla
escrito en las piedras
está
que en las montañas
por sobre las Antillas
y más allá
todo el verdor perecerá!
Oro quieren, dicen que dice
un tal Bartolomé!
Pues oro que se les dé!
Vírgenes piden! Vírgenes que se les dé!
Mancebos, todo lo que tenemos!
todo que se les dé!
Su hambre y sed es mucha
amada Anacaona
No tenemos más que dar
Hemos dado todo el oro
las vírgenes todas
y todo el cazabe, el maíz, la yuca
las gallinas, los conejos,
y ahora quieren ponernos
un yugo sobre la nuca!
El visorrey ha levantado un fuerte en Haití
y ya navega hacia su tierra
en busca de más fuerzas;
treintinueve hombres ha dejado ahí
Y tu qué haces oh nuestro padre
Oh nuestro rey Canoabó
enmedio de toda esta calamidad…?
He dicho que esta noche
no quede piedra sobre piedra
y ni un solo extranjero
en el ”Fuerte Natividad”…!
II
El mensajero del sabio Yucahuhuamá
dice: doce lunas después
ha vuelto el visorrey almirante
con más hombres y más poder
y más orgulloso el talante
y su ánimo de venganza
nadie es capaz de contener
No habrá tregua
manda a decir Yucahuhuamá
y claro dicen dicen las estrellas:
tu pueblo y el mío
amada Anacaona
este paraiso que fue tuyo
y mío y de todos
a llegado a su fin
La profesía se cumplirá!
Colmada de séquito, oro y aromas
llega al almirante Anacaona
intentando con mieles
y almizcle sexual
la furia del virrey apaciguar
El almirante toma gustoso el oro
y desprecia almizcles e inciensos
A la reina de las Antillas
hace como que no la ve
regresa una vez más a su tierra
y encarga la diplomacia
a su hermano Bartolomé
Bartolomé Colón
gobernador de las Antillas
pide más oro, más mujeres
más maíz, más gallinas, más cazabe;
y ante los límites de aquel pueblo
se ha vuelto un tiburón
y ya los ánimos desbordados
al corazón de las Antillas
ha lanzado definitiva incursión
Se combaten ocho días y en la noche nona
traen el cuerpo de una reina con el sexo derrengado
se ha cumplido lo profetizado
El último día
de la reina de la paz y el amor:
Anacaona
Su fin al propio cacique Bequexcho
y a Gaurionex y Guacaraní
Yucahuhuamá se los profetizó
sucumbirían de hambre y de sed
aherrojados por Bartolomé
y más tarde arrojados
al fondo del Yacaré
y así se hizo
junto al magnánimo y justo
el último guardián del paraíso
que a todos nos amó
valiente y bravo
el gran Canoabó.
Apaciguadas las aguas del diluvio
En cuyas olas sucumbieron los atlantes
mas allá y más acá de las altas montañas
enmedio del mar
en la ruta donde el visorrey almirante apareció
desde el fondo del océano
surgió la ínsula Caribe
donde echó su raíz la estirpe
del amo y señor de las Antillas y el mar:
Canoabó;
y su ínsula gemela: Amazona
en donde arraigaba la estirpe
de la señora del mar de las Antillas y el amor:
Anacaona
Apagad esa lumbre!
A la orgía ordenó Yucahuhuamá!
Que mis ojos han visto sobre el mar
de lontananza más acá
otra lumbre donde no había de ser!
y persiste aún
pues no es ninguna estrella fugaz
Ya de antes mi corazón latía
instintivo, obstinado, tenaz
diciéndome en furioso palpitar
que está por cumplirse la profesía
Acompañada de concubinas;
las contaba una vez más
bajo el inmenso plenilunio
una a una
y dijo
-Han enloquedido las estrellas!,
la reina Anacaona
Han llegado los hombres blancos a Guanahaní
hambrientos de tierras
de lujuria y de oro;
sedientos de sangre
como los caribes tajando el corazón;
hacen hogueras con hombres y mujeres
a un dios que llaman inquisición
Naufragado ha su canoa principal
y hemos estado
los antillanos en lloro
que del germen de esa semilla
escrito en las piedras
está
que en las montañas
por sobre las Antillas
y más allá
todo el verdor perecerá!
Oro quieren, dicen que dice
un tal Bartolomé!
Pues oro que se les dé!
Vírgenes piden! Vírgenes que se les dé!
Mancebos, todo lo que tenemos!
todo que se les dé!
Su hambre y sed es mucha
amada Anacaona
No tenemos más que dar
Hemos dado todo el oro
las vírgenes todas
y todo el cazabe, el maíz, la yuca
las gallinas, los conejos,
y ahora quieren ponernos
un yugo sobre la nuca!
El visorrey ha levantado un fuerte en Haití
y ya navega hacia su tierra
en busca de más fuerzas;
treintinueve hombres ha dejado ahí
Y tu qué haces oh nuestro padre
Oh nuestro rey Canoabó
enmedio de toda esta calamidad…?
He dicho que esta noche
no quede piedra sobre piedra
y ni un solo extranjero
en el ”Fuerte Natividad”…!
II
El mensajero del sabio Yucahuhuamá
dice: doce lunas después
ha vuelto el visorrey almirante
con más hombres y más poder
y más orgulloso el talante
y su ánimo de venganza
nadie es capaz de contener
No habrá tregua
manda a decir Yucahuhuamá
y claro dicen dicen las estrellas:
tu pueblo y el mío
amada Anacaona
este paraiso que fue tuyo
y mío y de todos
a llegado a su fin
La profesía se cumplirá!
Colmada de séquito, oro y aromas
llega al almirante Anacaona
intentando con mieles
y almizcle sexual
la furia del virrey apaciguar
El almirante toma gustoso el oro
y desprecia almizcles e inciensos
A la reina de las Antillas
hace como que no la ve
regresa una vez más a su tierra
y encarga la diplomacia
a su hermano Bartolomé
Bartolomé Colón
gobernador de las Antillas
pide más oro, más mujeres
más maíz, más gallinas, más cazabe;
y ante los límites de aquel pueblo
se ha vuelto un tiburón
y ya los ánimos desbordados
al corazón de las Antillas
ha lanzado definitiva incursión
Se combaten ocho días y en la noche nona
traen el cuerpo de una reina con el sexo derrengado
se ha cumplido lo profetizado
El último día
de la reina de la paz y el amor:
Anacaona
Su fin al propio cacique Bequexcho
y a Gaurionex y Guacaraní
Yucahuhuamá se los profetizó
sucumbirían de hambre y de sed
aherrojados por Bartolomé
y más tarde arrojados
al fondo del Yacaré
y así se hizo
junto al magnánimo y justo
el último guardián del paraíso
que a todos nos amó
valiente y bravo
el gran Canoabó.
A tu hijo, háblale
A ese ser que viene de surgir de tus entrañas
necesario es que despiertes los sentidos
El sentido de la vista despiértale
mostrándole el color del mundo
El del olfato
acercándole a los aromas que nos da
la naturaleza
El del gusto
con el néctar de tus pechos
y alimentos y zumos nutritivos
El sentido del tacto despierta
con la leve caricia de tus manos
Y en cualquier momento
háblale
Háblale
porque con palabras amorosas
no solo despertarás en él
el sentido del oído,
sino además
harás germinar una conciencia,
germinará también la inteligencia;
y la capacidad de aprender y proyectarse
Comenzarás a través de las palabras
a moldear la inspiración creadora
la audacia descubridora
la desenvoltura ante los retos de la vida
Solo el egoismo no estimules
porque egoismo es el alma misma de los niños;
y el papel del egoismo
es disolverse con el paso de los años
Ni el fanatismo estimules
porque el fanatismo asegura poseer la verdad
Y mentira!
La verdad la hizo Dios, inalcanzable!
Y ya pasado el tiempo
cuando veas a tu hijo transformado,
anchos los hombros y los brazos largos,
y grandes manos, grande la cabeza,
mirada penetrante y largos pasos;
no le temas;
háblale
Háblale siempre
palabras ciertas y sinceras aunque te parezcan duras
Relátale tu experiencia
de historias que se escuchan de mujeres y de hombres
Revélale la importancia de las letras y los números
Y así al cabo del tiempo te habrás dado cuenta
que de palabras es el precioso crisol
en que se forja la conciencia humana.
necesario es que despiertes los sentidos
El sentido de la vista despiértale
mostrándole el color del mundo
El del olfato
acercándole a los aromas que nos da
la naturaleza
El del gusto
con el néctar de tus pechos
y alimentos y zumos nutritivos
El sentido del tacto despierta
con la leve caricia de tus manos
Y en cualquier momento
háblale
Háblale
porque con palabras amorosas
no solo despertarás en él
el sentido del oído,
sino además
harás germinar una conciencia,
germinará también la inteligencia;
y la capacidad de aprender y proyectarse
Comenzarás a través de las palabras
a moldear la inspiración creadora
la audacia descubridora
la desenvoltura ante los retos de la vida
Solo el egoismo no estimules
porque egoismo es el alma misma de los niños;
y el papel del egoismo
es disolverse con el paso de los años
Ni el fanatismo estimules
porque el fanatismo asegura poseer la verdad
Y mentira!
La verdad la hizo Dios, inalcanzable!
Y ya pasado el tiempo
cuando veas a tu hijo transformado,
anchos los hombros y los brazos largos,
y grandes manos, grande la cabeza,
mirada penetrante y largos pasos;
no le temas;
háblale
Háblale siempre
palabras ciertas y sinceras aunque te parezcan duras
Relátale tu experiencia
de historias que se escuchan de mujeres y de hombres
Revélale la importancia de las letras y los números
Y así al cabo del tiempo te habrás dado cuenta
que de palabras es el precioso crisol
en que se forja la conciencia humana.
tisdag 15 september 2009
El tiempo delos tiempos
I
El temporal dejó anegado todo,
la espera del pan, los campos y los días.
Sobre las ciénagas quedó flotando algo.
Era recuerdo o promesa;
no sabría decirlo; mas era señal
de que no todo había sido aniquilado.
Cuando las aguas volvieron a sus cauces,
y las criaturas abandonaron sus refugios,
recomezaron otra vez las ideas, las palabras, la lucha.
El hombre se lanzó a reconstruirlo todo.
Volví la vista atrás en busca de tu rostro.
Sabía que era en vano, que eras sólamente un recuerdo.
Pero es que a veces a lo largo de la vida
yo también he esperado algún milagro.
II
Tomo el consejo que me ofrece la premura
y echo a caminar aunque no haya una estrella.
Este sendero lo andaré a tientas como un ciego
guiado nada más por el instinto y la esperanza.
Presiento el monte que me busca hace mucho
en esa cordillera que mi vista ya alcanza:
suelo desnudo; antes era fronda ancha.
Rara es el agua en la aridez recalcitrante,
pero ahí apagaré mi sed, que es una sed de siglos.
Ya no hay cantos de sirena que me aparten del camino.
Me espera en ese monte mi cueva de ermitaño
y yo espero ahí el tiempo de los tiempos.
El temporal dejó anegado todo,
la espera del pan, los campos y los días.
Sobre las ciénagas quedó flotando algo.
Era recuerdo o promesa;
no sabría decirlo; mas era señal
de que no todo había sido aniquilado.
Cuando las aguas volvieron a sus cauces,
y las criaturas abandonaron sus refugios,
recomezaron otra vez las ideas, las palabras, la lucha.
El hombre se lanzó a reconstruirlo todo.
Volví la vista atrás en busca de tu rostro.
Sabía que era en vano, que eras sólamente un recuerdo.
Pero es que a veces a lo largo de la vida
yo también he esperado algún milagro.
II
Tomo el consejo que me ofrece la premura
y echo a caminar aunque no haya una estrella.
Este sendero lo andaré a tientas como un ciego
guiado nada más por el instinto y la esperanza.
Presiento el monte que me busca hace mucho
en esa cordillera que mi vista ya alcanza:
suelo desnudo; antes era fronda ancha.
Rara es el agua en la aridez recalcitrante,
pero ahí apagaré mi sed, que es una sed de siglos.
Ya no hay cantos de sirena que me aparten del camino.
Me espera en ese monte mi cueva de ermitaño
y yo espero ahí el tiempo de los tiempos.
torsdag 10 september 2009
Critica
En esta tierra preñada
con silencios de anacoretas;
no nos demos a engaños!;
estamos asistiendo
no a la crisis última de las letras
sino a la crisis recurrente de los letrados
que en su soberbia infinita se creyeron
del cielo ungidos, los bienaventurados.
Y así se daban a cónclaves en exprofeso
muy bien pensados para su propia gloria.
Embelezados en su propio reflejo!
Como el borrico de Campoamor
remolinando su interminable noria
cada vez volvían más fatuos al espejo.
Y en aquel estado
de ingravidez y euforia
preciso era se extraviar
de la ruta de aquellos poetas
que de ese modo trastocaban
no a críticos del sistema
sino autocomplacientes apologetas.
Aquellos fueron al final domesticados.
otros se acogieron a guardianes de gavetas
Alguno llegó hasta la peña esperanzado
de algún hálito de luz en tan tortuoso destino
al oír se decía, el verso ha sido fecundado
en el vientre profundo de un surco latino.
con silencios de anacoretas;
no nos demos a engaños!;
estamos asistiendo
no a la crisis última de las letras
sino a la crisis recurrente de los letrados
que en su soberbia infinita se creyeron
del cielo ungidos, los bienaventurados.
Y así se daban a cónclaves en exprofeso
muy bien pensados para su propia gloria.
Embelezados en su propio reflejo!
Como el borrico de Campoamor
remolinando su interminable noria
cada vez volvían más fatuos al espejo.
Y en aquel estado
de ingravidez y euforia
preciso era se extraviar
de la ruta de aquellos poetas
que de ese modo trastocaban
no a críticos del sistema
sino autocomplacientes apologetas.
Aquellos fueron al final domesticados.
otros se acogieron a guardianes de gavetas
Alguno llegó hasta la peña esperanzado
de algún hálito de luz en tan tortuoso destino
al oír se decía, el verso ha sido fecundado
en el vientre profundo de un surco latino.
tisdag 11 augusti 2009
Incertidumbre
Después de un viento persistente
está cayendo la primera lluvia
Ha llegado sobre la región de Gubia
la estación que llega a contracorriente
-Ha preñado al zurco la simiente?
-Aplacará el pichón la sed de su garganta?
-No se sabe
Es una nube de lo más extraña
Color de monóxido de carbono,
de fósforo y cloro, sulfurosa, ácida.
Se levantó con el sol de la mañana
Sobre este campo cae suavemente
como esparcida por las musas del olimpo
Pero allá,
latitudes más al sur
al este y otras cuantas más allá,
han caído en tempestuoso
vendabal
arrasando
poblados, sus industrias,
cosechas y los hombres;
puentes, maquinarias,
mujeres y más niños
Sobre este campo que piso ahora
ha caído la primera lluvia
de la estación;
su canción es la misma
su esencia, diferente
De colores extraños
pende en lo alto y cierne
casi dulcemente
-Habrá preñez para la tierra?
-Apagarán su sed los cachorros?
-A saber!
-Gorgeará otra vez el ave?
-Irá a parir la venada?
-Festejará la fauna alada?
- No se puede decir, aún no se sabe!
está cayendo la primera lluvia
Ha llegado sobre la región de Gubia
la estación que llega a contracorriente
-Ha preñado al zurco la simiente?
-Aplacará el pichón la sed de su garganta?
-No se sabe
Es una nube de lo más extraña
Color de monóxido de carbono,
de fósforo y cloro, sulfurosa, ácida.
Se levantó con el sol de la mañana
Sobre este campo cae suavemente
como esparcida por las musas del olimpo
Pero allá,
latitudes más al sur
al este y otras cuantas más allá,
han caído en tempestuoso
vendabal
arrasando
poblados, sus industrias,
cosechas y los hombres;
puentes, maquinarias,
mujeres y más niños
Sobre este campo que piso ahora
ha caído la primera lluvia
de la estación;
su canción es la misma
su esencia, diferente
De colores extraños
pende en lo alto y cierne
casi dulcemente
-Habrá preñez para la tierra?
-Apagarán su sed los cachorros?
-A saber!
-Gorgeará otra vez el ave?
-Irá a parir la venada?
-Festejará la fauna alada?
- No se puede decir, aún no se sabe!
onsdag 5 augusti 2009
Galeote
Desde aquí veo la prensa de papeles que yacen en ese cajón, a los que en los momentos más oscuros quiero correr con la misma ansiedad que el ciervo, al agua de sus abrevaderos
Me abruma con argumentos irrebatibles, la certeza que las murallas más antiguas de la ciudad del señor al cual pertenezco, solamente podrán ser levantadas de nuevo, con el auxilio de los ordenadores
Desde la verdadera faz del hombre de Neardenthal, hasta el rostro de las víctimas colaterales del arma de exterminio en masa, podrán ser descifrados por las coordenadas electrónicas
El número exacto de los escalones del templo del Colibrí Zurdo, y los de el Señor de las tinieblas, serán revelados mediante flujos electrónicos
Y temo que al fondo de tus ojos inescrutables, me podré aproximar, sólo virtualmente, de aquí en adelante, hasta que la muerte nos lo impida
Al caer la tarde, me entrego a las sombras de la nocturnidad, acompaño un mínimo soplo de brisa que va hacia ninguna parte, entonces quedo ciego bajo esa cúpula negra que se remacha a otra más inmensa y más negra con innumerables clavos plateados que titilan el indetenible latir del profundo cosmos
Y me vuelvo silueta en un paisaje de bocetos oscuros, en donde hasta el recuerdo de tu perfil es una sombra recortada sobre un horizonte de sombras
Vuelvo a poner mi mano sobre el recuerdo de tus montañas y oigo bullir todavía el magma de tus profundidades; y cuando el neón de las avenidas tirita languideciendo ante la madrugada, oigo el bramido de tu carne que se va yendo como alguien que dice mi nombre desde la lejanía
Imagino el despertar de la conciencia humana, y de pronto: tú de nuevo, artista, obrera, campesina, una madre, una mujer simplemente; esa extraña región conformada de tierra y carne, esa mezcla de desesperanza y amor con olor a mujer a la que se da por llamar patria
Trato de pergeñar el futuro y me resultan caminos que se bifurcan sucesivamente sobre una geografía indescifrable; al final, inevitablemente, siempre tú, pero inaccesible….
Presiento el rumor del viento del océano que siempre empuja las olas en sentido contrario a la derrota de esta nave sin puerto de llegada, cuando hago el intento de frotarme los ojos, percibo el chirriar de las cadenas que me sujetan a este destino que se revela inexorable; entonces me doy cuenta, que otra vez ha amanecido
Restalla el chasquido del látigo nuevamente, y la misma voz de siempre, insistente e interminable como el sonido del mar, y vuelve a decir: Rema galeote! Rema!
Me abruma con argumentos irrebatibles, la certeza que las murallas más antiguas de la ciudad del señor al cual pertenezco, solamente podrán ser levantadas de nuevo, con el auxilio de los ordenadores
Desde la verdadera faz del hombre de Neardenthal, hasta el rostro de las víctimas colaterales del arma de exterminio en masa, podrán ser descifrados por las coordenadas electrónicas
El número exacto de los escalones del templo del Colibrí Zurdo, y los de el Señor de las tinieblas, serán revelados mediante flujos electrónicos
Y temo que al fondo de tus ojos inescrutables, me podré aproximar, sólo virtualmente, de aquí en adelante, hasta que la muerte nos lo impida
Al caer la tarde, me entrego a las sombras de la nocturnidad, acompaño un mínimo soplo de brisa que va hacia ninguna parte, entonces quedo ciego bajo esa cúpula negra que se remacha a otra más inmensa y más negra con innumerables clavos plateados que titilan el indetenible latir del profundo cosmos
Y me vuelvo silueta en un paisaje de bocetos oscuros, en donde hasta el recuerdo de tu perfil es una sombra recortada sobre un horizonte de sombras
Vuelvo a poner mi mano sobre el recuerdo de tus montañas y oigo bullir todavía el magma de tus profundidades; y cuando el neón de las avenidas tirita languideciendo ante la madrugada, oigo el bramido de tu carne que se va yendo como alguien que dice mi nombre desde la lejanía
Imagino el despertar de la conciencia humana, y de pronto: tú de nuevo, artista, obrera, campesina, una madre, una mujer simplemente; esa extraña región conformada de tierra y carne, esa mezcla de desesperanza y amor con olor a mujer a la que se da por llamar patria
Trato de pergeñar el futuro y me resultan caminos que se bifurcan sucesivamente sobre una geografía indescifrable; al final, inevitablemente, siempre tú, pero inaccesible….
Presiento el rumor del viento del océano que siempre empuja las olas en sentido contrario a la derrota de esta nave sin puerto de llegada, cuando hago el intento de frotarme los ojos, percibo el chirriar de las cadenas que me sujetan a este destino que se revela inexorable; entonces me doy cuenta, que otra vez ha amanecido
Restalla el chasquido del látigo nuevamente, y la misma voz de siempre, insistente e interminable como el sonido del mar, y vuelve a decir: Rema galeote! Rema!
onsdag 29 juli 2009
Soliloquio
Inesperado terremoto, la crisis, resquebrajando los cimientos de aquellos engranajes creídos monolíticos, aplastaba bajo los escombros la inocencia innumerable de las gentes del pueblo; mas los opios adormecedores perfeccionados con el devenir del tiempo, hacían silenciosamente su labor narcotizadora.
Bailaba el populacho alegremente sobre las primeras ruinas, y el estamento político buscaba rincones inaccesibles, cual ratones huidizos de una nave que se hunde.
Mientras tanto, al interior de la ciudad, en una noche ventosa en que las luces se batían en retirada, asediadas por una inmensa exalación brumosa; encontrose el centauro, frente a frente con el señorito aburguesado, y aquél, convencido que la iniciativa asociativa del animal, es como un vegetal en crecimiento, le habló a éste del siguiente modo:
Plantemos un árbol!…
…Las patrias, ya lo sabemos, son un invento de los poderosos para hacer que los soldaditos se maten entre sí y quedarse ellos con la fortuna que producen los obreros, los campesinos, y aquellos otros que dan su quehacer sin esperar salario alguno; los que quedan desnudos cuando cae esa noche inmensa preñada de fantasmas y de frío…
Es cierto…, tengo que reconocer que algo que no conozco hace más infinita la noche y más helado el invierno fuera de esos ridículos mojones que llamamos patria; por eso en esta estepa sin horizontes que es tu refugio y el mío, para que haya un hálito de esperanza es necesario plantar un un árbol…
Sembremos un árbol!!
Si cultivaste antes, mustios líquenes insustanciales, hoy es tiempo de cultivar un árbol que al crecer ofrezca cobijo oportuno, y puedas recostar tu espalda aunque te encuentres al centro de una pampa de asfalto como serán las tardes que te aguardan a tí, y las mías me aguardan a mí
Si en el tiempo pasado sólo sembraste breñas y hortigas, te redimirás si siembras un árbol. Un árbol te dará frutos suficientes para mitigar la sed insaciable, que arderá mañana en tu garganta tan inexorablemente como en la mía
Un árbol del que puedan multiplicar un bosque los campesinos y las avecillas
No como el árbol preferido de los jardines del señor terrateniente donde hasta la arañita cornuda debe pedir autorización para tejer su redecilla; sino, un árbol robusto y amigable, al que acudan los niños a colocar sus columpios, enmedio del griterío…
Abandona la torre de marfil! baja hasta donde anda, desvive y convive la gente, dale tu mano al pueblo y demuestra que eres capaz de plantar un árbol; simplemente para que detengan su vuelo, se posen en sus ramas los pájaros; busquen cobijo en él los desahuciados habitantes de los bosques que se mueren.
Porque yó, albañil estoy harto de construír mansiones que ya acabadamente lindas me niegan una mísera sombra bajo el ardiente sol del verano o un mendrugo de calor enmedio del gélido invierno!
Estoy harto de levantar aeropuertos para que vuelen unos pocos a las alturas celestes, mientras se arrastran los hermanos de Oswaldo Escobar como gusanos sobre el suelo
Yó carpintero me niego a seguir armando muebles que rehusan el ansia de reposo a los pies cansados de Violeta Parra
Me niego además a continuar la tala indiscriminada de los bosques porque temo la vorágine incontrolable, la rotura de la capa de ozono, el calentamiento global, que nos quedemos sin pulmones, el colapso por asfixia de la tierra entera!
No quiero ser el labrador ingenuo que seguirá cultivando el trigo de un pan que nunca bendecirá su mesa…
Y no quiero ser de los poetas del alpiste (Oswaldo Escobar Velado), gorriones, que gorjean melodías aprendidas de memoria y pican en la palma de la mano del jefe inquisidor de algún periódico oficialista!
Hizo una pausa el fantástico cuadrúpedo, y después de una profunda inflexión irguiose en su estatura para decir en voz alta hacia la ciudad semidormida:
A todos vosotros que habéis sembrado de pequeñas patrias y arbustos de plástico la tierra mía! Os incito a que plantemos un árbol!
No un bonsai prisionero y castrado, no una minúscula criatura del capricho humano!; sino un árbol fructífero, germen de un bosque imperecedero.
El señorito, que no tenía la condición de burgués, pero se conducía y pensaba como tal, muy entrenado como estaba, supo guardar la compostura, pero intimamente temblaba de miedo, por el pavor que le producía existiesen semejantes personajes y semejantes argumentos; y de ira temblaba, de odio, de impotencia de no contar en ese momento con un pelotón de guardias suizos a su servicio. Y guardó silencio, no dijo absolutamente nada, convirtiendo el intento de diálogo de aquel mitológico personaje, en un simple soliloquio.
Bailaba el populacho alegremente sobre las primeras ruinas, y el estamento político buscaba rincones inaccesibles, cual ratones huidizos de una nave que se hunde.
Mientras tanto, al interior de la ciudad, en una noche ventosa en que las luces se batían en retirada, asediadas por una inmensa exalación brumosa; encontrose el centauro, frente a frente con el señorito aburguesado, y aquél, convencido que la iniciativa asociativa del animal, es como un vegetal en crecimiento, le habló a éste del siguiente modo:
Plantemos un árbol!…
…Las patrias, ya lo sabemos, son un invento de los poderosos para hacer que los soldaditos se maten entre sí y quedarse ellos con la fortuna que producen los obreros, los campesinos, y aquellos otros que dan su quehacer sin esperar salario alguno; los que quedan desnudos cuando cae esa noche inmensa preñada de fantasmas y de frío…
Es cierto…, tengo que reconocer que algo que no conozco hace más infinita la noche y más helado el invierno fuera de esos ridículos mojones que llamamos patria; por eso en esta estepa sin horizontes que es tu refugio y el mío, para que haya un hálito de esperanza es necesario plantar un un árbol…
Sembremos un árbol!!
Si cultivaste antes, mustios líquenes insustanciales, hoy es tiempo de cultivar un árbol que al crecer ofrezca cobijo oportuno, y puedas recostar tu espalda aunque te encuentres al centro de una pampa de asfalto como serán las tardes que te aguardan a tí, y las mías me aguardan a mí
Si en el tiempo pasado sólo sembraste breñas y hortigas, te redimirás si siembras un árbol. Un árbol te dará frutos suficientes para mitigar la sed insaciable, que arderá mañana en tu garganta tan inexorablemente como en la mía
Un árbol del que puedan multiplicar un bosque los campesinos y las avecillas
No como el árbol preferido de los jardines del señor terrateniente donde hasta la arañita cornuda debe pedir autorización para tejer su redecilla; sino, un árbol robusto y amigable, al que acudan los niños a colocar sus columpios, enmedio del griterío…
Abandona la torre de marfil! baja hasta donde anda, desvive y convive la gente, dale tu mano al pueblo y demuestra que eres capaz de plantar un árbol; simplemente para que detengan su vuelo, se posen en sus ramas los pájaros; busquen cobijo en él los desahuciados habitantes de los bosques que se mueren.
Porque yó, albañil estoy harto de construír mansiones que ya acabadamente lindas me niegan una mísera sombra bajo el ardiente sol del verano o un mendrugo de calor enmedio del gélido invierno!
Estoy harto de levantar aeropuertos para que vuelen unos pocos a las alturas celestes, mientras se arrastran los hermanos de Oswaldo Escobar como gusanos sobre el suelo
Yó carpintero me niego a seguir armando muebles que rehusan el ansia de reposo a los pies cansados de Violeta Parra
Me niego además a continuar la tala indiscriminada de los bosques porque temo la vorágine incontrolable, la rotura de la capa de ozono, el calentamiento global, que nos quedemos sin pulmones, el colapso por asfixia de la tierra entera!
No quiero ser el labrador ingenuo que seguirá cultivando el trigo de un pan que nunca bendecirá su mesa…
Y no quiero ser de los poetas del alpiste (Oswaldo Escobar Velado), gorriones, que gorjean melodías aprendidas de memoria y pican en la palma de la mano del jefe inquisidor de algún periódico oficialista!
Hizo una pausa el fantástico cuadrúpedo, y después de una profunda inflexión irguiose en su estatura para decir en voz alta hacia la ciudad semidormida:
A todos vosotros que habéis sembrado de pequeñas patrias y arbustos de plástico la tierra mía! Os incito a que plantemos un árbol!
No un bonsai prisionero y castrado, no una minúscula criatura del capricho humano!; sino un árbol fructífero, germen de un bosque imperecedero.
El señorito, que no tenía la condición de burgués, pero se conducía y pensaba como tal, muy entrenado como estaba, supo guardar la compostura, pero intimamente temblaba de miedo, por el pavor que le producía existiesen semejantes personajes y semejantes argumentos; y de ira temblaba, de odio, de impotencia de no contar en ese momento con un pelotón de guardias suizos a su servicio. Y guardó silencio, no dijo absolutamente nada, convirtiendo el intento de diálogo de aquel mitológico personaje, en un simple soliloquio.
måndag 20 juli 2009
Plenilunio
No soy experta en lunas dijo ella una vez, referida al poeta español que fue perito en aquellas. Mucho hacía que, los sables de los generales habíanle negado, luces, luceros, estrellas. En una noche cualquiera olvidaba la niña su luna que era como su abuela decía: moruna, montuna, y cascabelera.
De no cultivar la costumbre de consultar el almanaque de los periciclos de la astronomía, derivó que sorprendidas fueron no pocas sensibilidades, por la uña dorada que la última noche del solsticio rasgaba los gruesos cúmulos que bajaron por la ruta de la Osa Mayor.
Era el borde de un inmenso cuchillo de luz cortando a tajos las tinieblas abruptas.
Apareció la esfera refulgente bañando de reflejos dorados el lado oscuro de la tierra, en tanto que desde el bosque profundo percutía en heco el desespero de las fieras.
Duerme la urbe y sobre el asfalto resuenan caóticos pasos!
Es Zoraida, a quien el exilio se le reveló congénito, por lo que sólo conserva una tenue idea de la tierra de sus ancestros, lo que tal vez sea la causa de la recurrencia de sus constantes desafíos a las prohibiciones del altísimo.
No cubre en velo su exótica cabellera encrespada de negras sortijas. Rara vez prescinde de su estrecha minifalda negra que suele llevar puesta hasta en las tardes más borrascosas, y con frecuencia se da a templar su carácter con generosas copas de aguardiente puro.
En algún lugar ha quedado una botella vacía, lanza voces, Zoraida, que hacen vibrar las paredes mudas. Ríe escandalosamente después de una jerigonza, luego prorrumpe en llanto desesperado, clamando a gritos la presencia de Gaírdh bel Amín, el héroe ausente de anteriores batallas de temperamento y líbido, libradas con ardor tenaz.
Fija la vista con pavor en el bandajo dorado que pende de las alturas, corre por la calle ancha Zoraida fuera de sí, con el nombre de su amante convertido en heco estentóreo saliendo de una garganta profunda.
Sopla un viento premonitorio y cúmulos oscuros emborronan la refulgencia de la esfera del plenilunio.
Volviendo sobre sus pasos, vuelve a correr haciendo sonar los tacones de sus zapatos como castañuelas discordantes de suela y cemento. Caen en cascadas torrentes de lágrimas sobre una palpitante turgencia; los embates de su pecho trocan en aullido sobrecojedor.
Ha llegado al lado oeste del barrio, allí donde tiene su refugio Gaírdh bel Amín, quien siguiendo los hábitos del tigre, después de amar, ha buscado la soledad de su escondite recóndito.
Se planta Zoraida en los bajos de los edificios y eleva su lamento hasta estremecer el alma de los muros circundantes.
La luna llena está ahora a mitad de la bóveda azul oscuro, pasan los transeuntes apresuradamente en busca de calor humano. Deja presentirse otra vez el llamado de la bestia desde la profundidad lóbrega que se despeña más allá del perímetro urbano.
Baja Gaírdh bel Amín por la escalera del edificio hasta el piso bajo, con trémulo pulso, toma a Zoraida por el leve talle, la conduce arriba no con pasos apresurados; acerca sus labios al oído de ella y dice quedamente con la melodiosa cadencua de la lengua del profeta: -ven acá pichoncillo extraviado, haré para tí un lecho de plumas de cisne, sobre un piso de alfombras, bajo una carpa de mantas, para que no te agobie el hechizo irresistible, esa brasa candente, ese bandajo de oro, ese plenilunio hechicero que baja por el lado del septentrión.
De no cultivar la costumbre de consultar el almanaque de los periciclos de la astronomía, derivó que sorprendidas fueron no pocas sensibilidades, por la uña dorada que la última noche del solsticio rasgaba los gruesos cúmulos que bajaron por la ruta de la Osa Mayor.
Era el borde de un inmenso cuchillo de luz cortando a tajos las tinieblas abruptas.
Apareció la esfera refulgente bañando de reflejos dorados el lado oscuro de la tierra, en tanto que desde el bosque profundo percutía en heco el desespero de las fieras.
Duerme la urbe y sobre el asfalto resuenan caóticos pasos!
Es Zoraida, a quien el exilio se le reveló congénito, por lo que sólo conserva una tenue idea de la tierra de sus ancestros, lo que tal vez sea la causa de la recurrencia de sus constantes desafíos a las prohibiciones del altísimo.
No cubre en velo su exótica cabellera encrespada de negras sortijas. Rara vez prescinde de su estrecha minifalda negra que suele llevar puesta hasta en las tardes más borrascosas, y con frecuencia se da a templar su carácter con generosas copas de aguardiente puro.
En algún lugar ha quedado una botella vacía, lanza voces, Zoraida, que hacen vibrar las paredes mudas. Ríe escandalosamente después de una jerigonza, luego prorrumpe en llanto desesperado, clamando a gritos la presencia de Gaírdh bel Amín, el héroe ausente de anteriores batallas de temperamento y líbido, libradas con ardor tenaz.
Fija la vista con pavor en el bandajo dorado que pende de las alturas, corre por la calle ancha Zoraida fuera de sí, con el nombre de su amante convertido en heco estentóreo saliendo de una garganta profunda.
Sopla un viento premonitorio y cúmulos oscuros emborronan la refulgencia de la esfera del plenilunio.
Volviendo sobre sus pasos, vuelve a correr haciendo sonar los tacones de sus zapatos como castañuelas discordantes de suela y cemento. Caen en cascadas torrentes de lágrimas sobre una palpitante turgencia; los embates de su pecho trocan en aullido sobrecojedor.
Ha llegado al lado oeste del barrio, allí donde tiene su refugio Gaírdh bel Amín, quien siguiendo los hábitos del tigre, después de amar, ha buscado la soledad de su escondite recóndito.
Se planta Zoraida en los bajos de los edificios y eleva su lamento hasta estremecer el alma de los muros circundantes.
La luna llena está ahora a mitad de la bóveda azul oscuro, pasan los transeuntes apresuradamente en busca de calor humano. Deja presentirse otra vez el llamado de la bestia desde la profundidad lóbrega que se despeña más allá del perímetro urbano.
Baja Gaírdh bel Amín por la escalera del edificio hasta el piso bajo, con trémulo pulso, toma a Zoraida por el leve talle, la conduce arriba no con pasos apresurados; acerca sus labios al oído de ella y dice quedamente con la melodiosa cadencua de la lengua del profeta: -ven acá pichoncillo extraviado, haré para tí un lecho de plumas de cisne, sobre un piso de alfombras, bajo una carpa de mantas, para que no te agobie el hechizo irresistible, esa brasa candente, ese bandajo de oro, ese plenilunio hechicero que baja por el lado del septentrión.
torsdag 9 juli 2009
Shirin
Cuando cruzaron , en tropel, el país, las huestes de Artagerges, iban machacando bajo sus cascos, los caballos , aquellas anchurosas tierras, dejando hollado y revuelto el suelo brutal de la imperecedera Persia; y sin embargo esas caballerías innumerables, jamás pudieron devastar las cúspides ventosas y heladas de Damavand y Alborz, que se yerguen para siempre como los tiernos pezones de una mujer inmensa que duerme su sueño ancestral, tendida sobre la mitad del Asia envuelta en sábanas de nieve.
Y bajo el fragor de aquellos potros semidomados, y el sudor de centauros humanizados, bebiendo el pecho de mujeres de nervio y carne, se dibujó por fin la gen que vino a dar a luz hace sólo veinte años, una tarde de arreboles dorados, a Shirin, la dulce, la de ojos que son neblíes indomesticables, en un par de nidos inaccesibles. Shirin!, la de voz que en el tumulto citadino se oye como campanilla de plata tañendo entre el caos y el griterío. Ha saltado la gacela más allá de los muros que erigió la policía clerical, para alcanzar la plenitud de su alma de mujer, lo más lejos posible de túnicas conventuales.
Ahora, desde lejos se sueña engarzando, alhajas y pedrería talladas por orfebres venerables de la antigua estirpe.
Se han sumado sus manos laboriosas a empujar la rueda del tiempo en un lejano país de laberintos asfaltados, donde los obreros en sus pausas laborales reponen fuerzas bebiendo café y contando los minutos; un país con alma de locomotora y automotores.
Allí seguirá buscando las razones que hay detrás de la paranoia de los hombres, el porqué de las injusticias de la sociedad humana; de la ingenuidad del pueblo y el despotismo de los gobernantes.
Shirin, la que de niña pastoreaba ovejas sobre los escombros de la olvidada Persépolis, vive hoy entre gentes que pastorean perros y gatos, en un país extrañamente lejano, que por las noches la succiona, hasta el fondo de su propio centro gravitatorio, y desde allí la vomita una fuerza inversamente proporcional, que la deposita en el centro mismo del paraje donde bajo un árbol frondoso, su ilimitada fantasía la llevaba hasta ciudades incógnitas; y bajo su soñadora tutela pastaba el hato preferido del patriarca.
Y bajo el fragor de aquellos potros semidomados, y el sudor de centauros humanizados, bebiendo el pecho de mujeres de nervio y carne, se dibujó por fin la gen que vino a dar a luz hace sólo veinte años, una tarde de arreboles dorados, a Shirin, la dulce, la de ojos que son neblíes indomesticables, en un par de nidos inaccesibles. Shirin!, la de voz que en el tumulto citadino se oye como campanilla de plata tañendo entre el caos y el griterío. Ha saltado la gacela más allá de los muros que erigió la policía clerical, para alcanzar la plenitud de su alma de mujer, lo más lejos posible de túnicas conventuales.
Ahora, desde lejos se sueña engarzando, alhajas y pedrería talladas por orfebres venerables de la antigua estirpe.
Se han sumado sus manos laboriosas a empujar la rueda del tiempo en un lejano país de laberintos asfaltados, donde los obreros en sus pausas laborales reponen fuerzas bebiendo café y contando los minutos; un país con alma de locomotora y automotores.
Allí seguirá buscando las razones que hay detrás de la paranoia de los hombres, el porqué de las injusticias de la sociedad humana; de la ingenuidad del pueblo y el despotismo de los gobernantes.
Shirin, la que de niña pastoreaba ovejas sobre los escombros de la olvidada Persépolis, vive hoy entre gentes que pastorean perros y gatos, en un país extrañamente lejano, que por las noches la succiona, hasta el fondo de su propio centro gravitatorio, y desde allí la vomita una fuerza inversamente proporcional, que la deposita en el centro mismo del paraje donde bajo un árbol frondoso, su ilimitada fantasía la llevaba hasta ciudades incógnitas; y bajo su soñadora tutela pastaba el hato preferido del patriarca.
onsdag 17 juni 2009
Plenilunio
No soy experta en lunas
díjo ella una vez
referida al poeta español
que fue perito en aquellas
Mucho hacía que, los sables
de los generales
habíanle negado, luces, luceros, estrellas
En una noche cualquiera
olvidaba la niña su luna
que era como su abuela decía:
moruna, montuna, y cascabelera
De no cultivar la costumbre de consultar el almanaque de los periciclos de la astronomía, derivó que sorprendidas fueron no pocas sensibilidades, por la uña dorada que la última noche del solsticio rasgaba los gruesos cúmulos que bajaron por la ruta de la Osa Mayor. Era el borde de un inmenso cuchillo de luz cortando a tajos las tinieblas abruptas. Apareció la esfera refulgente bañando de reflejos dorados el lado oscuro de la tierra, en tanto que desde el bosque profundo percutía en heco el desespero de las fieras.
Duerme la urbe y sobre el asfalto resuenan pasos en caos! Es Zoraida, a quien el exilio se le reveló congénito, por lo que sólo conserva una tenue idea de la tierra de sus ancestros, lo que talvez sea la causa de la recurrencia de sus constantes desafíos a las prohibiciones del altísimo. No cubre en velo su exótica cabellera encrespada de negras sortijas. Rara vez prescinde de su estrecha minifalda negra que suele llevar puesta hasta en las tardes más borrascosas, y con frecuencia se da a templar su carácter con generosas copas de aguardiente puro.
En algún lugar ha quedado una botella vacía, lanza voces, Zoraida, que hacen vibrar a las paredes mudas. Ríe escandalosamente después de una jerigonza, luego prorrumpe en llanto desesperado, clamando a gritos la presencia de Gaírdh bel Amín, el héroe ausente de anteriores batallas de temperamento y líbido, libradas con ardor tenaz. Fija la vista con pavor en el bandajo dorado que pende de las alturas, corre por la calle ancha Zoraida fuera de sí, con el nombre de su amante hecho un heco estentóreo saliendo de una garganta profunda.
Sopla un viento premonitorio y cúmulos oscuros emborronan la refulgencia de la esfera del plenilunio. Volviendo sobre sus pasos, vuelve a correr haciendo sonar los tacones de sus zapatos como castañuelas discordantes de suela y cemento. Caen en cascadas torrentes de lágrimas sobre una palpitante turgencia; los embates de su pecho trocan en aullido sobrecojedor. Ha llegado al lado oeste del barrio, allí donde tiene su refugio Gaírdh bel Amín, quien siguiendo los hábitos del tigre, después de amar, ha buscado la soledad de su escondite recóndito.
Se planta Zoraida en los bajos de los edificios y eleva su lamento hasta estremecer el alma de los muros circundantes
La luna llena está ahora a mitad de la bóveda azul oscuro, pasan los transeuntes apresuradamente en busca de calor humano, Deja presentirse otra vez el llamado de la bestia desde la profundidad lóbrega que se despeña más allá del perímetro urbano.
Bajó Gaírdh bel Amín por la escalera del edificio hasta el piso bajo, con trémulo pulso, tomó a Zoraida por el leve talle, la condujo arriba no con pasos apresurados; acercó sus labios al oído de ella y dijo quedamente: -ven acá pichoncillo extraviado, haré para tí un lecho de plumas de cisne, sobre un piso de alfombras,bajo una carpa de mantas, para que no te agobie el hechizo irresistible, esa brasa candente, ese bandajo de oro, ese plenilunio hechicero que baja por el lado del septentrión.
díjo ella una vez
referida al poeta español
que fue perito en aquellas
Mucho hacía que, los sables
de los generales
habíanle negado, luces, luceros, estrellas
En una noche cualquiera
olvidaba la niña su luna
que era como su abuela decía:
moruna, montuna, y cascabelera
De no cultivar la costumbre de consultar el almanaque de los periciclos de la astronomía, derivó que sorprendidas fueron no pocas sensibilidades, por la uña dorada que la última noche del solsticio rasgaba los gruesos cúmulos que bajaron por la ruta de la Osa Mayor. Era el borde de un inmenso cuchillo de luz cortando a tajos las tinieblas abruptas. Apareció la esfera refulgente bañando de reflejos dorados el lado oscuro de la tierra, en tanto que desde el bosque profundo percutía en heco el desespero de las fieras.
Duerme la urbe y sobre el asfalto resuenan pasos en caos! Es Zoraida, a quien el exilio se le reveló congénito, por lo que sólo conserva una tenue idea de la tierra de sus ancestros, lo que talvez sea la causa de la recurrencia de sus constantes desafíos a las prohibiciones del altísimo. No cubre en velo su exótica cabellera encrespada de negras sortijas. Rara vez prescinde de su estrecha minifalda negra que suele llevar puesta hasta en las tardes más borrascosas, y con frecuencia se da a templar su carácter con generosas copas de aguardiente puro.
En algún lugar ha quedado una botella vacía, lanza voces, Zoraida, que hacen vibrar a las paredes mudas. Ríe escandalosamente después de una jerigonza, luego prorrumpe en llanto desesperado, clamando a gritos la presencia de Gaírdh bel Amín, el héroe ausente de anteriores batallas de temperamento y líbido, libradas con ardor tenaz. Fija la vista con pavor en el bandajo dorado que pende de las alturas, corre por la calle ancha Zoraida fuera de sí, con el nombre de su amante hecho un heco estentóreo saliendo de una garganta profunda.
Sopla un viento premonitorio y cúmulos oscuros emborronan la refulgencia de la esfera del plenilunio. Volviendo sobre sus pasos, vuelve a correr haciendo sonar los tacones de sus zapatos como castañuelas discordantes de suela y cemento. Caen en cascadas torrentes de lágrimas sobre una palpitante turgencia; los embates de su pecho trocan en aullido sobrecojedor. Ha llegado al lado oeste del barrio, allí donde tiene su refugio Gaírdh bel Amín, quien siguiendo los hábitos del tigre, después de amar, ha buscado la soledad de su escondite recóndito.
Se planta Zoraida en los bajos de los edificios y eleva su lamento hasta estremecer el alma de los muros circundantes
La luna llena está ahora a mitad de la bóveda azul oscuro, pasan los transeuntes apresuradamente en busca de calor humano, Deja presentirse otra vez el llamado de la bestia desde la profundidad lóbrega que se despeña más allá del perímetro urbano.
Bajó Gaírdh bel Amín por la escalera del edificio hasta el piso bajo, con trémulo pulso, tomó a Zoraida por el leve talle, la condujo arriba no con pasos apresurados; acercó sus labios al oído de ella y dijo quedamente: -ven acá pichoncillo extraviado, haré para tí un lecho de plumas de cisne, sobre un piso de alfombras,bajo una carpa de mantas, para que no te agobie el hechizo irresistible, esa brasa candente, ese bandajo de oro, ese plenilunio hechicero que baja por el lado del septentrión.
fredag 12 juni 2009
No ha callado el cantor
Pobre del tirano que quiso
arrancar con bayonetas
la inapagable raíz de Víctor Jara
Moribundo erra Augusto
en la oscuridad esquivo
Huye a lo más hondo
de su oscura madriguera
y la voz del cantor,
inmensa hiedra, tenaz enredadera
por el mundo crece
lozana, imperecedera
Al sátrapa en su agonía
la justicia llama, clemencia clama
y la voz del cantor
se hizo luz de estrella
antorcha incombustible,
ardiente llama
Van los hijos de Chile
andando esos caminos
arrullando las amandas
que enviudó la soldadesca
sembrando de copigües otros campos
incendiando otras pampas con pimientos
acostándose a dormir como el cantor
en cama propia,
despertando después en cama ajena
Ya despiertos
salen afuera
Avistan el porvenir
desde nuevas madrugadas,
con un cigarrito encendido
calentándose la cara
al calor de nuevas buenas
que dicen que la lucha sigue,
que no ha callado el cantor.
arrancar con bayonetas
la inapagable raíz de Víctor Jara
Moribundo erra Augusto
en la oscuridad esquivo
Huye a lo más hondo
de su oscura madriguera
y la voz del cantor,
inmensa hiedra, tenaz enredadera
por el mundo crece
lozana, imperecedera
Al sátrapa en su agonía
la justicia llama, clemencia clama
y la voz del cantor
se hizo luz de estrella
antorcha incombustible,
ardiente llama
Van los hijos de Chile
andando esos caminos
arrullando las amandas
que enviudó la soldadesca
sembrando de copigües otros campos
incendiando otras pampas con pimientos
acostándose a dormir como el cantor
en cama propia,
despertando después en cama ajena
Ya despiertos
salen afuera
Avistan el porvenir
desde nuevas madrugadas,
con un cigarrito encendido
calentándose la cara
al calor de nuevas buenas
que dicen que la lucha sigue,
que no ha callado el cantor.
torsdag 28 maj 2009
Cascabel y gato
Salieron feroces de sus madrigueras, unos,
conspiraron desde tibios sillones
frente al hogar encendido, otros,
a las sombras del abismo entregados
por la sed del beber de la sangre, cual vampiros,
por lo impune de la fuerza del dinero,
intrincada retórica de leguleyos;
puñal homicida, traicionero
Es la técnica armamentista
y la industria del cobarde
que no puede vivir de otra manera....
Consecuencia de lo cual
a la aflicción de los politicos,
periodistas y maestros, se reunieron,
amas de casa, burócratas, obreros
artistas, inclusive detectives, policías,
en concierto y congoja, dilucidaron
que se veía venir de hacía días
Labradores de la tierra, y el alcalde
asintieron
Era evidente! Imposible refutar!
Impostergable ya poner un paro al desacato!
Mas al final nadie quiso preguntar
que quien sería el que pondría el cascabel al gato....
conspiraron desde tibios sillones
frente al hogar encendido, otros,
a las sombras del abismo entregados
por la sed del beber de la sangre, cual vampiros,
por lo impune de la fuerza del dinero,
intrincada retórica de leguleyos;
puñal homicida, traicionero
Es la técnica armamentista
y la industria del cobarde
que no puede vivir de otra manera....
Consecuencia de lo cual
a la aflicción de los politicos,
periodistas y maestros, se reunieron,
amas de casa, burócratas, obreros
artistas, inclusive detectives, policías,
en concierto y congoja, dilucidaron
que se veía venir de hacía días
Labradores de la tierra, y el alcalde
asintieron
Era evidente! Imposible refutar!
Impostergable ya poner un paro al desacato!
Mas al final nadie quiso preguntar
que quien sería el que pondría el cascabel al gato....
fredag 15 maj 2009
Creatura y hombre
Enfrentado el hombre a la máquina
cara a cara el dios y su creatura
dialogan, disputan, hacen paces,
concertan acuerdos al futuro
no conceden tregua ni descanso a la verdura
ni al mar ni al aire ni a los ríos,
solitarios, egocéntricos, uno y otro
el predominio es su bandera y su ventura...
cara a cara el dios y su creatura
dialogan, disputan, hacen paces,
concertan acuerdos al futuro
no conceden tregua ni descanso a la verdura
ni al mar ni al aire ni a los ríos,
solitarios, egocéntricos, uno y otro
el predominio es su bandera y su ventura...
Ortodoxia
Se han cerrado
las puertas de las estructuras
para siempre
por esta necedad
de pensar el mundo con cabeza propia
Se ha encendido la hoguera
de la linea corrrecta
del quehacer revolucionario
No se permiten
los mensajes telepáticos
que hagan la crítica
de la crítica autocrítica
Está prohibido esbozar
el icono del Che Guevara con manos propias
y colocarlo sobre la pared de la propia cabecera
Han desautorizado
pronunciar los nombres exotéricos de Carlos Marx
y se preparan a negar el derecho a ejercer la defensa propia
Mas no importa!
Tambien sé que el tiempo es demasiado breve
para detener el andar
por esas nimiedades
las puertas de las estructuras
para siempre
por esta necedad
de pensar el mundo con cabeza propia
Se ha encendido la hoguera
de la linea corrrecta
del quehacer revolucionario
No se permiten
los mensajes telepáticos
que hagan la crítica
de la crítica autocrítica
Está prohibido esbozar
el icono del Che Guevara con manos propias
y colocarlo sobre la pared de la propia cabecera
Han desautorizado
pronunciar los nombres exotéricos de Carlos Marx
y se preparan a negar el derecho a ejercer la defensa propia
Mas no importa!
Tambien sé que el tiempo es demasiado breve
para detener el andar
por esas nimiedades
tisdag 5 maj 2009
Diana
Dos muslos de marfil
bajan por la falda, la colina,
bésanles, las hojas atrevidas del ramaje
de cerca sus pasos siguen dos pajes
Se detienen y Diana, atisba, agazapa, empina.
Vuelve sobre sus pasos, por la colina sube
Al alcance un gamo otea el aguaje
bebe el cristal y bebe también la nube,
quebrada abajo brama una cierva en celo
Agazapada vuelve a bajar, pegada al suelo
Diana ha pedido una zaeta silbante
coloca y tiempla un arco de gigante
lanza un alcón, inplacable, en la mirada
tras el azor va la flecha que se clava
sobre un pecho virgen que se mancha de rojo
Un corazón se detiene, gime un ”ay!” Artemisa
En el rostro de Diana, una leve sonrisa
y le tiñe los pómulos sólo un leve sonrojo
bajan por la falda, la colina,
bésanles, las hojas atrevidas del ramaje
de cerca sus pasos siguen dos pajes
Se detienen y Diana, atisba, agazapa, empina.
Vuelve sobre sus pasos, por la colina sube
Al alcance un gamo otea el aguaje
bebe el cristal y bebe también la nube,
quebrada abajo brama una cierva en celo
Agazapada vuelve a bajar, pegada al suelo
Diana ha pedido una zaeta silbante
coloca y tiempla un arco de gigante
lanza un alcón, inplacable, en la mirada
tras el azor va la flecha que se clava
sobre un pecho virgen que se mancha de rojo
Un corazón se detiene, gime un ”ay!” Artemisa
En el rostro de Diana, una leve sonrisa
y le tiñe los pómulos sólo un leve sonrojo
Versos pobres
Macilento el soma ya desfalleciendo;
versos para saciar el hambre
propuso el ego, el yo supremo, interviniendo
pues habido el olor, del vecino el fiambre,
opinó Psiquis, hacer de tripas corazón, lo comedido.
Dejose presentir la dama
”dignidad del arte” erguida
con mirada enhiesta, aire sublimado
Que hay que actuar según lo ético acordado,
la estética limpia veraz , establecida
Quiso hacer el hambre un poema que fuese mercancía
para llevar al mercado, trocar verso y dinero
para comprar pan
Colmado el soma;
sin amo el perro,
huye la melancolía
Mas pobres versos son,
si se ausentan del hacer de la conciencia
si se piensan sin razón, ni médula, o querella;
si no llevan un hálito de luz
de fuego;
dejen luz en una estela
o ardiendo un madero,
inspirados simplemente
por el hambre, la tripa,
y la panza voraz del monedero
versos para saciar el hambre
propuso el ego, el yo supremo, interviniendo
pues habido el olor, del vecino el fiambre,
opinó Psiquis, hacer de tripas corazón, lo comedido.
Dejose presentir la dama
”dignidad del arte” erguida
con mirada enhiesta, aire sublimado
Que hay que actuar según lo ético acordado,
la estética limpia veraz , establecida
Quiso hacer el hambre un poema que fuese mercancía
para llevar al mercado, trocar verso y dinero
para comprar pan
Colmado el soma;
sin amo el perro,
huye la melancolía
Mas pobres versos son,
si se ausentan del hacer de la conciencia
si se piensan sin razón, ni médula, o querella;
si no llevan un hálito de luz
de fuego;
dejen luz en una estela
o ardiendo un madero,
inspirados simplemente
por el hambre, la tripa,
y la panza voraz del monedero
tisdag 21 april 2009
El color
Principios de siglo,
los años pasados
Rebelión en las calles
y prodigios videntes
Las nuevas bastillas
asaltaban las gentes
Hormigueaban los campos
labriegos alzados
Y caos y lloro entre
los soldados
Era el alba, el porvenir,
la nueva era
Coloreaban las noches
Orozco, Siqueiros, Rivera.
Una niña se agrega envuelta
en un halo.
Era fragua y color:
un volcán de pasión Frida Kahlo
De fuego se impregna,
la pintura
Aparece León Trotski
en su destierro
Y le piden su sangre
al final de su andadura
para pintar el color
de la revolución permanente
y de la insurgencia pura.
los años pasados
Rebelión en las calles
y prodigios videntes
Las nuevas bastillas
asaltaban las gentes
Hormigueaban los campos
labriegos alzados
Y caos y lloro entre
los soldados
Era el alba, el porvenir,
la nueva era
Coloreaban las noches
Orozco, Siqueiros, Rivera.
Una niña se agrega envuelta
en un halo.
Era fragua y color:
un volcán de pasión Frida Kahlo
De fuego se impregna,
la pintura
Aparece León Trotski
en su destierro
Y le piden su sangre
al final de su andadura
para pintar el color
de la revolución permanente
y de la insurgencia pura.
fredag 17 april 2009
Tetas las de mi madre
El duro bregar
La mala paga
resecaron por fin
aquella fruta nutritiva
Tetas magras
insípidas
por la aflicción y el hambre
Trastornaron
en tetas que dejan tras de sí
para siempre
un crujir de tripas vacías
Tetas indelebles
en el recóndito eslabón
de la memoria
de los cachorros desnutridos
de la patria mía.
Tetas agrias,
donde un día hubo
dulce promesa
de néctar nutritivo.
Patronos voraces
Capataces torturadores
Policías verdugos
Jueces venales!
Volvisteis pálidas,
flácidas, amargas,
de mi madre sus preciosas tetas
Hay añoranza de una patria nueva
Permanentemente insurreccionada
Una patria sin opresores,
sin explotadores
Patria
sin justicia privatizada
de política incorrupta
de presidentes honrados
Patria
sin poetas cruxificados,
sin obreros macilentos,
sin niños de la calle
Totalmente nueva,
donde vuelvan a ser fruta
suculenta, nutritiva,
donde se colmen de leche dulce
nuevamente y de miel
las tetas de la madre mía
La mala paga
resecaron por fin
aquella fruta nutritiva
Tetas magras
insípidas
por la aflicción y el hambre
Trastornaron
en tetas que dejan tras de sí
para siempre
un crujir de tripas vacías
Tetas indelebles
en el recóndito eslabón
de la memoria
de los cachorros desnutridos
de la patria mía.
Tetas agrias,
donde un día hubo
dulce promesa
de néctar nutritivo.
Patronos voraces
Capataces torturadores
Policías verdugos
Jueces venales!
Volvisteis pálidas,
flácidas, amargas,
de mi madre sus preciosas tetas
Hay añoranza de una patria nueva
Permanentemente insurreccionada
Una patria sin opresores,
sin explotadores
Patria
sin justicia privatizada
de política incorrupta
de presidentes honrados
Patria
sin poetas cruxificados,
sin obreros macilentos,
sin niños de la calle
Totalmente nueva,
donde vuelvan a ser fruta
suculenta, nutritiva,
donde se colmen de leche dulce
nuevamente y de miel
las tetas de la madre mía
Prenumerera på:
Inlägg (Atom)
